El sistema eléctrico colombiano entra en zona de riesgo: lasalertas que el Gobierno no puede ignorar

El sistema eléctrico colombiano entra en zona de riesgo: las alertas que el Gobierno no puede ignorar

Bogotá D.C., marzo de 2026. El sector eléctrico colombiano vuelve a encender alarmas. Esta vez no se trata de una advertencia aislada ni de una discusión técnica marginal: el propio Consejo Nacional de Operación (CNO), el organismo encargado de garantizar la seguridad del sistema, ha puesto sobre la mesa un diagnóstico que, leído en conjunto, revela un escenario preocupante para la confiabilidad energética del país.

En una comunicación enviada al Ministerio de Minas y Energía, el CNO advierte que una combinación de decisiones regulatorias, presiones climáticas, rezagos en infraestructura y riesgos operativos está comprometiendo la capacidad del sistema para responder de manera segura a la demanda.

No es una alerta menor. Es, en términos técnicos, una señal de estrés sistémico.

Uno de los puntos más críticos del informe es el impacto del Decreto 0177 de 2026, medida adoptada bajo la Emergencia Económica y Social en Córdoba , que introduce nuevas reglas para la operación de los embalses bajo criterios determinados por la ANLA.

El problema no es la protección ambiental. El problema, según el CNO, es que estas medidas se están planteando sin una evaluación técnica integral de sus efectos sobre el sistema eléctrico.

El organismo advierte que:

  • Se están priorizando objetivos del ANLA sobre la confiabilidad energética del país.
  • No existe coordinación suficiente con los demás actoresdel sistema como la UPME, CND, CNO y los operadores de las hidroeléctricas.
  • Se podrían imponer restricciones que afecten directamente la energía firme que necesita el país. .

En otras palabras, el país podría estar tomando decisiones que reducen su capacidad de generar energía justo cuando más la necesita. Y hay un punto aún más delicado: el informe señala que estas medidas podrían generar incluso riesgos jurídicos para los agentes, al hacer imposible cumplir obligaciones de suministro bajo las reglas que adopte el ANLA, y que a esta última se le estarían asignando funciones que no corresponden a una Autoridad Ambiental.

A la presión regulatoria se suma una realidad técnica: el sistema ya muestra señales de desbalance. El análisis del operador evidencia un balance energético deficitario, lo que implica que, bajo ciertos escenarios, la oferta podría no ser suficiente para cubrir la demanda.

Para compensar este riesgo, el sistema necesitaría:

  • Mantener niveles de embalses superiores al 80%
  • Incrementar significativamente la generación térmica

Esto último no es un tema menor. La generación térmica es más costosa, depende de condiciones logísticas y del mercado mundial de combustibles, el cual se encuentra en crisis por la situación en el estrecho de Ormuz y con perspectivas de alza de precios. El mensaje es claro: el margen de maniobra del sistema se está reduciendo.

El factor climático: exceso hoy, escasez mañana

Como si fuera poco, el sistema enfrenta una paradoja climática. Por un lado, el país atraviesa una temporada invernal atípica, con lluvias intensas, crecientes y riesgos sobre la infraestructura energética. Por otro lado, los modelos climáticos anticipan una alta probabilidad de un Fenómeno de El Niño en el segundo semestre de 2026.

Esto significa que el sistema debe prepararse simultáneamente para:

  • Exceso de agua (riesgos operativos e inundaciones)
  • Déficit hídrico (menor generación hidroeléctrica)

Una ecuación compleja, especialmente cuando las decisiones regulatorias están introduciendo restricciones adicionales sobre el uso de los embalses.

Infraestructura rezagada y cuellos de botella

El informe también deja en evidencia un problema estructural: la falta de expansión del sistema. Proyectos clave presentan retrasos, muchos de ellos asociados a trámites ambientales y consultas previas. Mientras tanto, la demanda sigue creciendo y la red comienza a mostrar señales de saturación.

El propio Ministerio ha reconocido la preocupación por la limitada capacidad de transporte para incorporar nuevos proyectos de generación. Esto se traduce en un riesgo concreto: aunque haya nueva energía disponible, el sistema podría no tener cómo transportarla.

Riesgos operativos que ya están ocurriendo

A diferencia de otras alertas, esta no es una amenaza futura. Algunos riesgos ya se están materializando. El informe documenta:

  • Bloqueos que afectan el acceso a centrales como El Quimbo.
  • Problemas de orden público que ponen en riesgo al personal operativo en varias regiones del país.
  • Restricciones que obligan a modificar la operación de plantas.

El punto más preocupante del diagnóstico no es ninguno de estos factores por separado. Es su convergencia: un sistema con presión climática, déficit potencial, infraestructura rezagada y riesgos operativos necesita, más que nunca, decisiones técnicas coordinadas.

Sin embargo, el CNO advierte que hoy esa coordinación no está garantizada. Cuando la regulación avanza sin integrar la lógica operativa del sistema, el resultado puede ser un incremento del riesgo sistémico. Y en el sector eléctrico, ese riesgo tiene una traducción directa: fallas en la prestación del servicio.

¿Se repetirá la historia? ¿Vamos para un apagón inminente?

Colombia ya vivió las consecuencias de un sistema eléctrico mal preparado en los años noventa. Desde entonces, el país construyó un modelo basado en confiabilidad, diversificación y planeación.

El informe del CNO sugiere que ese equilibrio podría estar en riesgo. No se trata de alarmismo, se trata de una advertencia técnica que, por su origen, no puede ser desestimada.

La pregunta no es si hay riesgos pues el propio sistema ya lo confirmó. La pregunta es si las decisiones que se tomen en los próximos meses estarán a la altura de evitar que Colombia enfrente de nuevo un apagón como el ocurrido entre marzo de 1992 y febrero de 1993, cuando la energía era cortada 9 horas diarias.