SE MUEVE LA GEOPOLÍTICA DEL PETRÓLEO

SE MUEVE LA GEOPOLÍTICA DEL PETRÓLEO

Amylkar D. Acosta M

Miembro de Número de la ACCE

LA VENEZUELA PETROLERA

Para nadie es un secreto que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, cifradas, según la Agencia Internacional de Energía (AIE), en 304.000 millones de barriles, por encima de Arabia Saudita, que cuenta, con 267.000 millones e Irán con 209.000 millones.

LA VENEZUELA PETROLERA

Para nadie es un secreto que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, cifradas, según la Agencia Internacional de Energía (AIE), en 304.000 millones de barriles, por encima de Arabia Saudita, que cuenta, con 267.000 millones e Irán con 209.000 millones.

Venezuela, como uno de los mayores productores del mundo para la época, fue cofundadora de la Organización de países productores y exportadores de petróleo (OPEP), con 2´848.000 barriles/día, el 14 de septiembre de 1960. La relevancia de Venezuela en el mercado internacional del petróleo en la OPEP fue tal que su representación llegó a ocupar en dos oportunidades la presidencia de este cartel de productores. Primero fue Alí Rodríguez Araque del 1 de enero de 2001 al 30 de junio de 2002 y le recibió Álvaro Silva Calderón del 1 de julio de 2002 al 31 de diciembre de 2003.

AUGE Y CAÍDA DE PDVSA

Su producción de crudo, a través de la estatal petrolera PDVSA, alcanzó su punto más alto en 1997 con 3.45 millones de barriles/día, participando con el 17% de la oferta global. El año anterior a la asunción del poder por parte de Hugo Chaves Frías (1998) la producción de crudo en Venezuela rondaba los 3 millones de barriles/día y empezó a declinar entre el 2002 – 2003 afectada por una huelga declarada en protesta por el desmantelamiento de la empresa y la politización de su manejo, la que a la larga la fue deteriorando y desmantelando hasta su virtual quiebra. No obstante, la empresa y el Estado venezolano se vieron favorecidos temporalmente por la evolución favorable de los precios del crudo, los cuales pasaron de niveles de US $56 el barril en 2005 hasta los US $79 – US $80 el barril en 2010, después de alcanzar el pico histórico de los US $146 – US $147 en julio de 2008 (¡!).

Luego, durante la siguiente década los precios oscilaron entre los US $41.96 en 2020 y los US $111.25 en 2011. El Gobierno de Chaves se prolongó hasta su muerte en 2013, período este en jauja para su administración, gracias a los altos precios del crudo, lo que le permitió ejercer una activa diplomacia del petróleo, mediante el programa Petrocaribe, ganando adeptos y apoyos entre los gobiernos de Centro América y el Caribe, a quienes favoreció con la entrega de crudo en “condiciones preferenciales de pago”, con largos plazos, intereses subsidiados y la posibilidad de pagar en especie, ya fuera con bienes y/o servicios.

Después de desempeñarse como Canciller durante el segundo período presidencial de Hugo Chaves, su mentor, entre 2006 y 2012 y su Vicepresidente en su tercer mandato, Nicolás Maduro asume la Presidencia luego del súbito deceso de Chaves, hasta el término del mismo. Posteriormente, el 14 de abril de 2013 es elegido, cumpliéndose al pie de la letra su última voluntad, “firme, plena, como la luna llena, irrevocable, absoluta, total…ustedes elijan a Nicolás Maduro como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido” sentenció. El resto, el atornillamiento de Maduro en el poder, recurriendo al despotismo y en últimas al fraude electoral descarado, desconociendo la voluntad popular expresada claramente en las urnas, es historia, la que concluye abruptamente con su “extracción”, dramática captura y encarcelamiento por parte de los EE. UU., violando flagrantemente la soberanía de Venezuela y la Carta de las Naciones Unidas.

DOS HISTORIAS PARALELAS

Volviendo al curso de los acontecimientos, que afectan particularmente la geopolítica del petróleo, bueno es hacer un parangón con Colombia, en donde se hizo popular el acertijo, tratando de establecer qué tan cerca estaba el punto de inflexión en el que la producción de crudo por parte de Colombia y de Venezuela se equipararían, en el primer caso subiendo y en el segundo a la baja. Ello, en momentos en los que la producción en Colombia alcanzó el millón de barriles/día durante los años 2013, 2014 y 2015 y para entonces en Venezuela la producción había caído hasta los 2.5 millones de barriles/día. En efecto, diez años después, en el 2023 se cumplió el vaticinio, sólo que en Colombia, al igual que en Venezuela la producción en lugar de crecer cayó hasta llegar a los 777 mil barriles/día y en Venezuela, también cayendo, se situó en los 783 mil barriles/día.

Más recientemente la producción de Venezuela aventaja nuevamente a Colombia, al tener un repunte hasta alcanzar los 900 mil barriles/día en 2024 y alrededor del millón de barriles en 2025, mientras la producción en Colombia certificada por la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) se ha estancado y registró, en promedio, 772 mil barriles/día en 2024 y 750 mil barriles/día en 2025. Este es el escenario actual, en el que Venezuela a duras penas produce sólo el 1% de la producción global de crudo y el 3% de la producción de los países que hacen parte de la OPEP+, tornándose irrelevante en el mercado mundial de petróleo.

LA ARREMETIDA DE LOS EE.UU

En este contexto se da la intervención del gobierno estadounidense en Venezuela, escalando su embestida contra la dictadura de Maduro, endureciendo primero las sanciones impuestas por la administración Biden en 2019, luego el asedio marítimo apostando y desplegando su enorme flota de guerra en el mar Caribe, en inmediaciones de la costa venezolana, implementando la interdicción, inicialmente de pequeñas embarcaciones, denominadas “narcolanchas” presuntamente cargadas con alijo de estupefacientes y a buques tanqueros que transportan crudo tildados de hacer parte de una “flota fantasma” que se atreven a burlar la misma, concluyendo con un operativo cinematográfico que tuvo como desenlace el apresamiento de Maduro, quien ha sido puesto a disposición de la Justicia de los EE.UU.

Las suspicacias y las narrativas en torno a las verdaderas intenciones del Presidente Donald Trump, con esta intervención se vieron corroboradas por sus sorprendentes y sorpresivas declaraciones, en las que no ocultó ni disimuló su interés por el control de las enormes reservas de crudo que alberga Venezuela en la denominada Franja petrolífera del Orinoco. En su comparecencia ante los medios para dar cuenta del tan cuestionado, incluso por parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, operativo, fue enfático al afirmar que “haremos que grandes compañías de petróleo estadounidenses entren a Venezuela y gasten miles de millones de dólares, arreglen la infraestructura que está muy dañada y comiencen a ganar dinero para el país”. 26 veces mencionó el Presidente Trump la palabra petróleo en su rueda de prensa, en ello fue muy recurrente. Tal reiteración es muy diciente.

EL PETRÓLEO EN LA MIRA

El Presidente Trump fue muy contundente al afirmar que “necesitamos acceso total. Necesitamos acceso al petróleo”. No obstante, el Jefe del Departamento de Estado Marco Rubio quiso matizar la declaración del Presidente Trump al afirmar que “no necesitamos el petróleo de Venezuela, tenemos petróleo de sobra. Lo que no permitiremos es que su industria petrolera quede en manos de adversarios de EE.UU, como China, Rusia o Irán”. Aclaró también que Estados Unidos no gobernaría Venezuela en el día a día, salvo para hacer cumplir el “embargo petrolero” ya existente contra Venezuela y enfatizo diciendo que “ese es el control a que se refiere el Presidente”.

Cabe preguntarse cuál es el interés que despierta en el Gobierno de los EE.UU, siendo el mayor productor de crudo del mundo con 14 millones de barriles/día, por encima de Rusia (9. 8 – 10.2 millones de barriles/día) y Arabia Saudita (9 – 9.7 millones de barriles/día), el crudo venezolano. Venezuela, junto con Colombia y México es uno de los países con mayor potencial de crudo pesado y ácido, el mismo que se requiere para la dieta de varias de las más importantes refinerías de los EE.UU en la costa sur, la cual demanda importaciones del orden de 5.9 millones de barriles/día de crudo pesado, dado que su producción es predominantemente liviano, sobre todo para la producción de diésel, asfalto y combustibles para la industria.

EE.UU compite, como mayor importador de crudo pesado, con India, la Unión Europea y China, principal destino de las exportaciones de crudo de Venezuela, más de 700 mil barriles/día, abonando de esta manera a la deuda contraída, cuyo saldo supera los US $15.000 millones. Por ello, el sueño de los EEUU es convertir a Venezuela en la Arabia Saudita de Occidente, claro está en la órbita de su control e influencia y así depender menos del convulsivo y convulsionado Medio Oriente. Así se explica que, pese a las sanciones impuestas a Venezuela por parte de EE.UU, la petrolera CHEVRON ha mantenido sus operaciones en su territorio, exportando su producción en sus propios buques a su casa matriz.

Y COLOMBIA QUÉ?

A todas esas, Colombia sin ser un país petrolero depende del petróleo como su principal renglón de exportación y su principal fuente de la afluencia de divisas al país y cómo no, la principal fuente de ingresos del Estado, provenientes del recaudo del impuesto de rentas, el giro de dividendos por parte de la estatal petrolera ECOPETROL y de las regalías que paga la industria petrolera, que son los únicos recursos ciertos con los que cuentan las entidades territoriales para financiar sus planes de inversión.

Colombia, dada su modesta producción y exportación de crudo se mueve en el mercado petrolero como un corcho en remolino, es un simple tomador de precios y está a merced de la volatilidad de estos. Actualmente la tendencia de los precios es a la baja, cotizándose por debajo de los US $60 el barril del BRENT, dado que hay un exceso de oferta en el mercado, debido al relajamiento por parte de la OPEP de su estrategia de intervención en el mismo para contenerla y al impulso de la industria petrolera de los EE.UU con la llegada nuevamente de Trump a la Casa Blanca. Tal tendencia podría acentuarse de llegar a estabilizarse y fortalecerse la industria del petróleo en Venezuela, con el apoyo e impulso augurado por el Presidente Trump, con el agravante para Colombia que le toca compartir y competir con Venezuela el mismo nicho de los crudos pesados y extrapesados!

 

Miami, enero 5 de 2026

www.amylkaracosta.net